De vuelta donde los Cangrejos
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Martes 21 de Noviembre, 2017.

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    Algunos poemas de Nazariantz para tu éxtasis crepuscular

     

    Oh, qué triste es morir en el destierro...


    Oh, qué triste es morir en el destierro
    Cuando el alma se ausenta
    Por caminos desiertos.

    Oh, qué triste es morir en el destierro
    Cuando fiebre y cansancio
    Nos dejaron rendidos.



    En el atardecer, sobre las viejas
    Calles está lloviendo. Con su llanto
    La lluvia azota, azota los cristales
    Y el corazón castiga. Hermano mío :
    Triste y terrible cosa,
    Retornar a las sombras de la muerte
    Cuando se gime en los caminos
    Del ostracismo. Amarga contemplar
    con nuestros ojos húmedos, los ojos
    Incinmovibles de la negra Muerte,
    Y sentir cómo el alma languidece
    Para acabar con tal languidecer.
    Qué triste, hermano mío, partir solo
    Cuando en la sombra el Mal nos acomete.

    Llueve... Muere la tarde : y con su llanto
    La lluvia azota, azota los cristales.
    Oh, qué triste es morir en el destierro.



    Yo pienso en el morir de los poetas


    Yo pienso en el morir de los poetas

    Allá en lejana tierra abandonados.
    Pienso en sus almas anhelantes, como
    La brisa que aletea en el ocaso.
    Pienso en su dulce y grave palidez,
    Su palidez tardía, que en el velo
    Flotante de sus ojos agoniza.
    Pienso en el tenue, voluptuoso aliento
    Que se desprende de sus labios lívidos
    Por el deseo, pétales de escarcha
    Sobre el recio cristal del infinito.

    Mater dolorosa


    Sé que me esperas, madre, allá a lo lejos,
    Envuelta en tu tristeza vigilante.
    Sé que me esperas, madre, acongojada,
    Vertiendo la pureza de tu llanto
    En las urnas sagradas del dolor.



    Fragmento del XII° motivo del
    "Gran canto de la tragedia cósmica"

    ¡Oriente, alma eternamente astral!

    ¡Oh, Elegida! Es necesario
    Para ascender al futuro,
    Futuro gozoso y florido,
    Destruir y aniquilar
    Desde el fondo de nuestras desventuras
    El trágico sigilo del silencio.
    La palabra sagrada y efusiva
    Inicia el grande Ritmo de encantamientos.
    ¡Oh, Elegida! Tú has sido
    Reclamada por la alegría humana,
    Virgen bendita, amada entra las vírgenes.
    Al igual que una lámpara viva
    Me descubres el mundo
    De los cementerios fríos
    Donde se remecen los callados.
    En los altares arde
    La llama de las estrellas.






     

    Daniel Pacheco, Juan Pablo Pizarro, ArCaNe (Coder) - © 2002.
    - Gracias Ney -
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