De vuelta donde los Cangrejos
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Martes 21 de Noviembre, 2017.

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    Análisis de la nueva vida adquirida por los vehículos

    He visto cuadrados, triángulos, paralelepípedos, tratando de regular el desorden de los autos, que parecen hormigas, y por una razón muy simple: porque también están vivos.
    Basta con ver desde una cámara satelital con efecto de apurar (estas cámaras que permiten ver el crecimiento de una flor cómo si ocurriera en cinco segundos, plazada en un satélite) la evolución de una ciudad y la circulación de los nuevos vehículos que ahora existen en ella, para pensar en seres vivos. Es por eso que un acercamiento a los signos del tránsito debe hacerse desde los ojos de los carros. Desde sus luces.
    Claro, las rutas se han creado y perfeccionado. Las autopistas son un ejemplo. Antes, adelantar un camión era ver aparecer por la ventana una calavera sonriente. Ahora seguras y eficaces, completamente equipadas de gasolina y todo tipo de alimentos o incluso electrodomésticos, constituyen un mundo donde adentrarse.

    Pero estos lindos adelantos no han sido acompañados por un aumento de la seguridad, sino de los peligros. La muerte no se asoma tanto al adelantar porque los carros ya están habituados y manejan las técnicas. Los caballos aprenden a girar brusco, si se les cabalga brusco.
    La muerte se asoma hoy en momentos más inesperados; es cuando los vehículos deciden hacer algo contra el aburrimiento generalizado que desde hace años los invade. Las protecciones son más eficaces para las amenazas viejas, pero no hay protecciones para el spleen de los carros.
    A ellos no les importa morir. Es más, en ocasiones cada vez más frecuentes incluso eligen su muerte para contradecir la ilegibilidad y el gusto arte-kitch de quienes crean los signos que regulan sus vidas. Entonces es la vida del lector que hace dedo, que toma el transporte público no subterráneo o que posee un vehículo motorisado la que está en peligro.

    (Observaciones)
    En la cuidad, cápsulas con x ruedas se desplazan como haciendo círculos, y no es que cada una de ellas haga una vuelta entera, sino que es un efecto general. Es como una colmena de hormigas.
    Las ciudades están conectadas por autopistas.
    Los signos estan pensados para ordenar todo ese gran caos.

    (Hipótesis:)
    Los signos no lo logran. Porque los autos (vivos) han decidido desobedecerles, después de años y siglos de intentar en vano entenderlos, soportando su fea fosforecencia.

    Quién no ha visto estas últimas horas un auto estrellado a una vaca, para contradecir aquel cartel que significa precaución ganado en la vía. Quién no ha visto alguno de los millones de camiones que han decidido volcarse destruyendo grifos e inundando la ciudad.

    Se puede sentir el descanso y la tranquilidad del último suspiro de los vehículos estrellados. El humo que expelen sus motores muertos. Es una reacción. Es evidente que los carros han preferido morir a obedecer. Esos postes son a sus ojos (a sus luces) mensajes indescifrables y oscuros.

    Todo nace de la madre: los cerebros que idean las figuritas. Su fin es expresar rápidamente un concepto preciso, concretamente que el conductor que ve esos meteoritos dibujados logre razonar de la manera siguiente:
    "Oh, estamos en una zona de derrumbes, ¿Qué haré si cae una tormenta cósmica sobre mí?"
    Y como consecuencia de eso disminuya la velocidad.
    Lo que no saben estos ciudadanos es que un automóvil no razona como ellos. Al ver los mismos meteoritos el cerebro de un auto puede decir por ejemplo:
    "Se va a acabar el mundo como en la época de los dinosaurios, mejor será que nos caigamos por el barranco".

    Estos ideólogos son los mismos profesores que enseñan teoría en las escuelas de conducción. Ingenieros de tránsito, se llaman. Quiénes son. Quién conoce a alguno de ellos que no esté loco.
    El aburrido chiste del auto-gol, que hace referencia al joven que aprende a manejar en una cancha de fútbol y pierde el control pasando por debajo del arco es lo mejor que se puede aprender de ellos.
    Primero que nada no debieran dedicarse a hacer clases porque basta un manual. Incluso el más indescifrable de los carteles puede memorizarse viendo un manual. Y por qué decir que los signos son todos diferentes e inventan uno nuevo cada hora. Por el contrario las clases prácticas son útiles, y son las que menos en serio se toman. Cualquiera puede aprender a manejar estas máquinas, y ya no existe un cariño por ellas; ya nadie le da nombres a sus autos viejos ni llora al desprenderse de ellos. Entonces no hay un feeling entre conductor y conducido, y ahora que han decidido rebelarse; es como cabalgar una yegua chúcara.

    Ahora para qué mencionar el test que aprobado te entrega el título de conductor no sólo de tu país, sino del mundo. Es un chiste. Nunca te enseñan a querer a tu medio de transporte.

    Y lo más importante de la divagación: deben modificar los signos. Es evidente que las máquinas viéndolos de frente con sus ojitos luminosos se encandilan y no entienden nada. En vez de niños u hombres debieran figurar, si el sentido común estuviera realmente repartido en cada hombre, como dijeron por ahí, motos jugando o camiones trabajando.

    Los antiguos carteles debieran exponerlos en museos.


    (Conclusión)
    Si a los caballos, los camellos, los perros esquimales, las llamas, los burros, los elefantes, los hacen andar a latigazos, a los autos los ignoran, que es peor.


    Fuentes:

    Julio Cortázar, Carol Dunlop : Los autonautas de la cosmopista o Viaje intemporal Paris Marsella.

    François Bouq: La derisoria efervescencia de los comprimidos, Los nuevos transportes amorosos (que ud podrá ver haciendo click aquí).


    Daniel Pacheco, Juan Pablo Pizarro, ArCaNe (Coder) - © 2002.
    - Gracias Ney -
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